sábado, 15 de septiembre de 2012
lunes, 27 de agosto de 2012
El cardo
Cardo
es el nombre común de varias plantas de la familia de las Asteráceas o
Compuestas, con más de un millar de géneros y más de 20.000 especies de las que
muy pocas son cultivadas. Esta familia, cuyo nombre actual deriva del griego
Aster (estrella), se caracteriza porque sus flores se forman por la fusión de
cientos e incluso miles de flores diminutas, como es el caso del girasol, y
tienen hojas y ramas espinosas. La familia incluye hortalizas de diversas
especies: de hoja (achicoria, lechuga, endibia, escarola), de flor (alcachofa)
o de tallo (cardo). Una característica común en muchas de estas plantas es que
sus tejidos contienen abundante látex.
ORIGEN
Y VARIEDADES
En general, las hortalizas
de esta familia son originarias de regiones templadas. Por tanto, su
crecimiento y desarrollo están adaptados a zonas de temperaturas moderadas.
Esta planta crece de forma espontánea en los países de Europa mediterránea y
del norte de África, donde se viene utilizando desde tiempos muy antiguos.
En
la actualidad, el cultivo de cardo está muy extendido en Europa. Los
principales países productores son Italia, Francia y España. En España, la
producción de cardo se extiende por la mayoría de las regiones donde se cultiva
la alcachofa, es decir, Navarra, Zaragoza, La Rioja, Cataluña y Comunidad
Valenciana.
Muchos autores emparentan al cardo con la alcachofa, de la que lo
consideran subespecie. Su nombre latino "cynara" deriva del griego
"kinara", con el que los antiguos denominaban a las plantas
espinosas. En la literatura de la antigua Roma aparecen numerosas citas
referentes al cardo y Plinio lo menciona como una verdura de lujo en aquella
época.
En la Edad Media, el cultivo del cardo estaba muy extendido en Europa.
Parece que el cardo fue introducido en Argentina de la mano de los
conquistadores, donde se adaptó y creció con rapidez en las grandes
plantaciones de la Pampa. Hoy día se cultiva en huertas (terrenos fértiles) de
los países de Sudamérica.
SU
MEJOR ÉPOCA
La presencia del cardo en
los mercados se mantiene durante los meses de invierno y principios de
primavera, y noviembre es el mes en que comienza su venta.
CARACTERÍSTICAS
Forma: la parte de consumo son las
pencas o peciolos, una porción de la nervadura central de las hojas y los
tallos tiernos. Las pencas son huecas, estriadas y alargadas y terminan en unas
grandes hojas verdosas, más pequeñas y blanquecinas en el interior. Tiene
numerosas espinas a lo largo del tallo que dificultan su limpieza.
Tamaño: el cardo adquiere un gran tamaño y puede
alcanzar los 2 metros de altura.
Color:
las pencas de los cardos silvestres
desarrollan un color verde más o menos oscuro. Si proceden de cultivo, se
blanquean durante las etapas finales de crecimiento. Para ello se cubre la
planta de modo que sólo las hojas reciban luz. Las pencas son de color verde
claro con tonalidades rojizas o casi blancas.
Sabor: las pencas blanqueadas son crujientes, tiernas y
presentan un sabor delicado, dulce y con reminiscencias amargas. El blanqueado,
además de eliminar el color verde, también reduce notablemente el sabor amargo.
CÓMO
ELEGIRLO Y CONSERVARLO
Una apariencia
lustrosa, con las pencas firmes, rígidas y las hojas verdes, frescas o
levemente marchitas, garantiza la elección de un buen cardo. Se han de
descartar los ejemplares blandos y con manchas y puntos secos.
El cardo se
conserva bien durante una o dos semanas si se guarda en el frigorífico envuelto
en plástico perforado. También se puede almacenar enterrado en arena en un
lugar fresco.
PROPIEDADES
NUTRITIVAS
El cardo se asemeja en la
composición nutritiva a la alcachofa. De su análisis bromatológico se desprende
un modesto contenido en hidratos de carbono, constituidos en su mayor parte por
inulina, un tipo de fibra soluble, además de un aporte poco significativo de
proteínas y grasas.
En general, los elementos nutritivos del cardo no son muy
significativos debido sobre todo a la elevada cantidad de agua que
contiene.
Respecto a las sales minerales, el cardo sobresale frente a otras
verduras por su abundancia en calcio y hierro. Sin embargo, estos minerales, a
pesar de su abundancia no se asimilan tanto porque la fibra de la verdura
interfiere en la absorción a nivel intestinal. Por ello, las cantidades de
estos minerales aportadas por cualquier vegetal no son comparables con las
suministradas por los alimentos de origen animal (lácteos, carnes o pescados).
Su contenido vitamínico es variado, y es la vitamina C la que destaca sobre el
resto, aunque en cantidades muy pequeñas si se compara con la mayoría de
verduras.
No obstante, al cardo se le reconocen sus propiedades coleréticas,
hepatoprotectoras y diuréticas, entre otras, debido a su contenido en cinarina
e inulina, sustancias que también se encuentran en la alcachofa, verdura de su
mismo género.
sábado, 11 de agosto de 2012
El huerto para esquivar la crisis
El huerto para esquivar la crisis
Disfrutar del rojo de los tomates, el grosor de las hojas
de las lechugas o la calidad de los brócolis y los calabacines que salen de mi
huerto es un auténtico lujo", dice entusiasmado Mario Rodríguez, que
gestiona su producción de vegetales y frutas en una parcela de Alcorcón un
municipio del área metropolitana de Madrid.
"El huerto es mi liberación y además es una
inversión. Sólo gasté 50 euros en semillas, plantines y utensilios... y ahora
tengo kilos de productos de primera calidad durante meses", valora.
"Por ejemplo, un plantín de lechuga cuesta 5 céntimos de euro,
y en el mercado valdría 2,5 euros", detalla. "Además, ya he
encontrado a unos vecinos con los que hacemos trueque de productos",
añade.
Como Mario, cada vez son más los españoles que cultivan
sus alimentos. Algunos lo hacen por consumir productos ecológicos, otros como
distracción, y ahora aumenta el número de personas que han vuelto a la tierra
para ahorrar en la cesta de la compra. El auge de los huertos de
autoabastecimiento se está dejando ver en países como Grecia, Irlanda, Portugal
o España, donde la crisis económica está azotando con más fuerza.
"Es evidente que cada vez hay más personas que
están cultivando sus productos para la subsistencia y la alimentación familiar.
En los dos últimos años he observado un importante crecimiento, sobre todo de
gente joven, fundamentalmente licenciados sin ingresos".
Una tendencia en alza
Mario ha transformado la tierra de un secano
abandonado en pequeñas parcelas que ahora son gestionadas por 180 familias.
Lo que a primera vista puede parecer un hobby es
también un ahorro para la gente de
esta comunidad.
Y esta parcela les proporciona el 50% de sus
necesidades alimentarias, lo que les hace ahorrar en sus facturas de
supermercado, afirma Mario.
El proyecto de Huertos Ecológicos Alcorcón es
pionero y es solo un ejemplo del creciente aumento de estas iniciativas en
España.
Ahora muchos españoles están tomando el asunto
en sus manos y están encontrando maneras de ayudarse a sí mismos, sus vecinos y
su comunidad local.
martes, 10 de julio de 2012
Por qué los tomates ya no saben a nada
Los tomates de supermercado no tienen
sabor alguno. Su función en la ensalada atiende más a la decoración que a darle
gusto al plato, una evidencia que castiga sin remedio a nuestro paladar. Hasta
ahora no sabíamos a qué era debido, pero una reciente investigación
internacional, con participación española, ha descubierto que esto se debe a
una mutación en un gen encargado de que el fruto sea más agradable a la
vista.
La roja tonalidad que presentan los
tomates en los expositores no es obra del azar. La mayor parte de las
variedades que se comercializan llevan una mutación que genera una maduración
uniforme.
A finales de los años 50, criadores
comerciales estadounidenses hallaron una mutación natural capaz de hacer que
los tomates maduraran de manera uniforme. Los productores de todo el mundo
aprovecharon esa alteración genética –denominada mutación ‘u’- para generar un
fruto más agradable a los ojos del consumidor, libre de grietas o de tonos
verdosos que desvíen su atención
Lo malo es que el mismo gen que los
deja bonitos ha acabado por producir un fruto completamente insípido. La
alteración genética que provoca la pérdida de sabor afecta a la proteína
GLK2, cuyo mal funcionamiento altera el proceso de transformación de la
energía del Sol en azúcares. Si la fotosíntesis no se lleva a cabo de forma
idónea, se produce una merma considerable de los niveles de azúcar, según
demuestra la investigación. Lo que nos deja un tomate muy presentable pero con
un sabor prácticamente nulo.
Jugar con los genes
Esta mutación afecta en buena parte a
la pérdida de calidad del tomate, pero no a toda.
En los años 90 se empezó a introducir
otra mutación para que los tomates al madurar permanecieran duros por más
tiempo. Además, poco a poco van apareciendo nuevas bacterias naturales que
atacan al fruto, y que obligan a modificar de nuevo los genes para combatir su
efecto. Esta forma de jugar con el ADN provoca que poco a poco el tomate vaya
perdiendo sabor y sepa a cartón.
Mejorar la calidad de los frutos
La investigación que ha desvelado las
causas del tomate insípido puede ayudar a mejorar la calidad de otras plantas,
ya que este gen GLK puede tener su homólogo en múltiples frutos que
también pueden estar afectados por la mutación descubierta, como el pimiento o
el calabacín
jueves, 5 de julio de 2012
sábado, 30 de junio de 2012
lunes, 11 de junio de 2012
domingo, 3 de junio de 2012
El cultivo del Melón
.
El Melón es una planta que pertenece a la familia botánica
cucurbitácea, su nombre científico es Cucumis melo, se caracteriza por ser una
planta herbácea, de tallos largos y rastrera con hojas horbicuriarovaladas
hasta casi reniformes. Se desarrollan en épocas secas y su ciclo de desarrollo
es generalmente corto, ello permite que se obtenga al año dos ciclos de
cosecha.
Para su buen desarrollo, el
melón requiere de temperaturas, altas y humedad baja, y mientras más alta es la
temperatura del día y más baja la de la noche, los frutos resultan más dulces y
perfumados.
TIPOS Y VARIEDADES.
Esta especie incluye cultivares de diversas características
de plantas y frutos, y que difieren muy especialmente en su comportamiento de
post-cosecha. Estos son:
* Cucumis melo var reticulatus: Melones que presentan una
especie de red o retículo de tejido corchoso sobre la superficie de los frutos,
la pulpa es de color naranja y aromática.
* Cucumis melo var Innodorus: Corresponde a los melones de
piel risa o muy rugosa, sin retículos, generalmente de producción tardía. A
este grupo pertenecen varios tipos de melón como la variedad Honey dew que es
el cultivar más representativo, cuyas características sobresalientes de sabor y
tamaño lo han mantenido vigente por muchas décadas.
También esta el melón Casaba, de fruto dulce y jugoso.
Un tercer tipo dentro de este grupo es el melón Crenshaw,
de gran tamaño cuya pulpa es de color rosado a naranjo pálido, dulce y jugosa.
Un último tipo de este grupo de melones de invierno es el
melón Tendra¡ cuyos frutos tienen una piel de color verde oscura con surcos
poco profundos y la pulpa es de color verde claro.
* Cucumis melo var cantaloupensis: Este grupo engloba
variedades comerciales con frutos globosos o ligeramente deprimidos, con la
piel verrugosa, listada o acostillada, los frutos se desprenden de¡ pedúnculo
al madurar. Dentro de este grupo se encuentra la variedad Charentais de forma
esférica su pulpa es de
Son plantas de cucurbitáceas, son herbáceas, de tallos
largos que se arrastran o trepan mediante zarcillos.
LA RAÍZ.
Son extensas, pero superficiales. Están formadas por una
principal que crece rápidamente de donde se desarrollan numerosas raíces
laterales, las cuales se ramifican en otras pequeñas formando una tupida red de
raicillas que ocupan las capas superiores del suelo.
EL TALLO: Lo forman 3 a 8 ramas que nacen de nudos en la
base del eje principal y se subdividen en secuencias, todas las cuales se
extienden sobre el suelo en la longitud de vados metros.
LAS HOJAS: Son simples y con 5 lóbulos angulosos y de
forma alterna el tamaño y profundidad de los lóbulos es muy variable entre las
especies y cultivares.
LOS ZARCILLOS: Son simples, salen de las axilas de las
hojas.
LAS FLORES: Son grandes, de color amarillo intenso y de 5
pétalos. Se encuentran separadas por sexo en diferentes axilares foliares. Las
flores masculinas se encuentran en racimos de 3 a 5 en los nudos de las ramas,
excepto los ocupados por las femeninas y/o las hermafroditas, las cuales son
individuales y se localizan en el primero y segundo nudo de las ramas
cargadoras.
LOS FRUTOS: Son bayas de muy variado tamaño, forma y
color. Tienden a ser esféricos u ovalados, de colores amarillo blancuzco,
amarillo o marrón, y algunos con surcos longitudinales. Tienen numerosas
semillas dispuestas simétricamente en la parte interna de la pulpa.
El Melón es una planta tropical en sus necesidades que
requiere de temperaturas altas y humedad del aire baja. Las zonas de abundante
insolación, calientes y secas son muy apropiadas, ya que intervienen sobre la
calidad del fruto y se logran más azúcares y aroma. La planta encuentra sus
condiciones óptimas de desarrollo con temperaturas medias anuales entre los 18ºC
y 25ºC, con una máxima de 32ºC y una mínima de 10ºC
El melón prospera en la mayoría de los suelos , siempre
que los mismos posean una buena capacidad de retención de humedad y a su vez
bien drenados. La compactación edáfica y la humedad estagnante son dos
condiciones insoportables para este frutal.
Es también afectado por leves niveles de salinidad y por
otro lado, las sequías prolongadas afectan sensiblemente el cultivo. Los suelos
muy arcillosos y poco profundos no son recomendados para la siembra de este
cultivo.
El cultivo del melón es exigente en humedad, pero varía en
función de la edad de la planta, refiriéndose a que las plantas jóvenes
necesitan más humedad que las viejas, porque pueden mantener un crecimiento
normal con poca humedad, por causa de su tasa más lenta de desarrollo
vegetativo. La precipitación anual favorable se cifra entre 400 y 800 mm
Se considera favorable aquellas zonas donde la humedad
relativa se maneja entre 60% a 85%, niveles superiores asociados con
temperaturas relativamente bajas, predisponen a la planta a fuertes ataques de
hongos y virus.
La preparación del terreno para el cultivo del melón es
importante garantizando el rápido desarrollo y se logra realizando tres (3)
pases de cultivador cruzados, para facilitar un buen desarrollo del sistema
radicular.
Después de realizado el trazado del terreno y dependiendo
del riego se puede sembrar en cualquier época, si no se dispone de regadío,
conviene sembrar durante el tiempo lluvioso, pero de manera tal que la madurez
y la cosecha de frutas coincida con la época seca.
Se requiere usar semillas nuevas, conviene que estén secas
y que hayan sido tratadas con un fungicida. Las semillas se dejan remojando 24
horas antes de la siembra para que germine mejor y rápidamente.
La densidad de siembra depende de la variedad, del tipo de
suelo y del sistema del cultivo, en general se emplean camas o melgas de 2 mts.
De ancho, entre mitades de surcos de riego y 30 cm. entre plantas.
Se colocan cuatro a cinco semillas por sitio a una
profundidad de 1 a 2 cm. Cuando tenga el primer par de hojas verdaderas se hace
el aclarado, dejando las dos o tres plántulas que se vean más fuertes y desarrolladas,
para hacer un aclarado posterior dos semanas más tarde, dejando una sola
planta.
Es necesario evitar que el agua toque las hojas, si se
aplica agua en exceso los frutos pueden resultar insípidos por la poca cantidad
de azúcar. El melón necesita unos 400 mi de agua desde la siembra hasta que los
frutos comienzan a madurar.
Las plagas que afectan al melón son:
* Perforador del tallo y del fruto (Disphania hyalinata y
D.Nitidalis). Las larvas perforan los tallos y frutos causando debilitamiento
de las plantas y daños importantes en el fruto, además de facilitar la entrada
de patógenos.
* Afidos (Aphis gossypil y Myzus persicae). Además del daño
directo a la planta al chupar la savia, son transmisores de virus.
* Cucarroncitos del follaje (Diabrotica sp). El adulto se
alimenta de hojas tiernas y las larvas de las raíces.
jueves, 10 de mayo de 2012
Fungicidas y fortificantes ecológicos
TOMILLO ROJO
(Thymus zygis)
1.
Composición y características químicas
La esencia de
tomillo rojo (Thymus Zigis) es muy variable en cuanto su composición,
dependiendo su calidad de factores ambientales. climáticos y genéticos. Su
principal principio activo es el Timol. El Timol Natural se considera un
elemento muy importante en muchos preparados antisépticos. antifúngicos y
antimicrobiales. Similares características presenta el Carvacrol, isómero del
timol que se encuentra también en el tomillo rojo
Las feromonas
naturales que contiene tienen la virtualidad de atraer insectos polinizadores,
como las abejas, abejorros y mariquitas, siendo inocuo el preparado para otros
insectos.
2. Modo de
acción
Tiene acción
preventiva y curativa en cultivos afectados especialmente por hongos y
bacterias. En post-cosecha. prolonga la vida u̇til de frutos y vegetales reduciendo la carga fungicida y
bactericida a niveles mínimos para obtener productos de calidad. La actividad
iónica del extracto le permite penetrar la pared celular de los microorganismos
y destruirlos sin afectar a la planta en general y/o frutos.
Cultivos:
flores. ornamentales. frutales. vid y hortalizas.
3. Aplicación
y dosis
Partiendo de
un macerado con extracto de tomillo rojo que de un 3,5% de Timol, soluciones al
0.5 litros por cada 100 de agua se consideran efectivas para una gran mayoría
de hongos. La efectividad como antiséptico general es muy grande y en todo caso
no requiere aplicarse soluciones de mas de unos pocos por ciento para alcanzar
resultados notables.
Puede
aplicarse mediante cualquier tipo de aspersión manual o automática, tanto aérea
o a nivel de tierra, como también en riego por goteo. Se utiliza la dosis
preventiva de 250cc por 100 litros y en invasiones a razón de 400 cc. por 100
litros de agua.
4.
Recomendaciones medioambientales y fitotoxicidad
No ocasiona
problemas medioambientales, no toxico para peces, abejas y aves. A las
diluciones adecuadas este producto no produce fitotoxicidad, si se aplica a las
horas recomendadas.
viernes, 4 de mayo de 2012
El acolchado en agricultura
VENTAJAS DE LOS ACOLCHADOS
El acolchado es la mejor forma de proteger a
los cultivos y a la tierra en la que crecen. Sus múltiples ventajas hacen de
esta practica una de las mas recomendadas en la practica de la agricultura
ecológica, del huertos y el jardín ecológico. Veamos por que:
- Protege a la tierra de las intensas radiaciones solares, evitando que la perjudicial radiación ultravioleta destruya o dañe la flora bacteriana y microbiana de la tierra de cultivo
- Aporta nutrientes a medida que se descompone.
- Mejora la estructura del suelo
- Evita que la tierra se reseque, manteniéndola hidratada y reduciendo considerablemente las necesidades de riego.
- Hace innecesaria la labor de trabajar la tierra porque al estar cubierta no se apelmaza, sobre todo si no pisamos sobre el acolchado.
- La sombra que proporciona el acolchado, no solo mantiene la humedad sino que, al mismo tiempo, evita la nacencia de hierbas competidoras de los cultivos ( las temidas e injustamente llamadas “malas hierbas”). Solo hay que controlar plantas como la grama, la corregüela o la juncia.
- Facilita la aireación gracias a su porosidad y evita el apelmazado y la compresión de la tierra.
- Procura sombra a la tierra y al “compost en superficie”, creando microclimas y facilitando la actividad de la flora microbiana, especialmente la de las bacterias nitrificantes o nitrogenadoras, capaces de absorber del aire y fijar en la tierra cubierta hasta 80 kilos de nitrógeno por hectárea y año.
A pesar de las innegables ventajas del
acolchado, también tiene sus limitaciones y no siempre resulta beneficioso, ni
es aplicable en todos los cultivos ni en todos los climas. Por ejemplo,
mientras que las plantas trasplantadas son fáciles de acolchar, las semillas,
cuando las sembramos, necesitan una tierra despejadas y expuesta a la luz y al
calor del sol.
Pero donde resulta mas controvertido el
recurrir a los acolchados es en zonas frías y húmedas donde, aunque el verano
es caluroso, las primaveras suelen ser frescas y la tierra no llega a
calentarse lo suficiente como para estimular el buen desarrollo y la abundante
producción de frutos en las solanáceas (tomates, pimientos, berenjenas….) y en
las cucurbitáceas (melones y sandias).
Para estimular el desarrollo y obtener la máxima producción de estas plantas en
zonas frías y con veranos cortos, pueden resultar más convenientes dejar la
tierra expuesta al calor del sol. En estos casos, una buena opción para
mantener protegida la tierra, al tiempo que se calienta con mas facilidad, es
cubrir la tierra (o cubrir el “compost en superficie”) con mantillo viejo,
restos de estiércol muy descompuesto o los restos sobrantes de los semilleros
(mezclas de compost, mantillo, turba, turba de coco……..añejos o muy
descompuestos). Al ser negros u oscuros, absorberán al máximo la radiación
solar (calor) y al mismo tiempo que ofrecen sombran protegen a la tierra y al
compost superficial de las dañinas radiaciones ultravioletas.
Estas recomendaciones son especialmente
indicadas para las solanáceas, porque las cucurbitáceas –tanto las meloneras
como las matas de sandia- ellas mismas cubren rápidamente la tierra con su
follaje denso en amplias hojas, protegiendo de la radiación solar la tierra y
el compost.
Otra opción efectiva de acolchado, aunque menos
“ecológica”, pueden ser usar mallas plásticas antihierba de las que se usan en
jardinería, o rafia negra de sombreado. Es una buena opción en huertos azotados
por fuertes vientos o en los que no se disponga de mantillo viejo ni de otras
alternativas orgánicas de color oscuro y en donde tengamos que controlar
hierbas problemáticas como la juncia o la corregüela.
jueves, 3 de mayo de 2012
Compost. ¿Que podemos compostar?
¿QUE PODEMOS COMPOSTAR?
Materiales orgánicos
compostables sin problemas.
- Plantas de huerto o jardín (restos de cosechas y flores viejas o marchitas)
- Hierbas adventicias (a ser posible, antes de que hagan semillas).
- Estiércol de camas de corral de animales, de cría ecológica.
- Ramas trituradas procedentes de la poda de árboles frutales, setos, arbustos, flores arbustivas, etc.
- Matas y matorrales procedentes de limpieza de bosques o sotobosques.
- Plantas medicinales
- Hojas caídas de los árboles
- Heno y hierba segada.
- Césped (en capas finas o previamente desecado)
- Algas marinas ( tras un proceso de lavado del salitre)
- Mondas del pelado de frutas y hortalizas.
- Restos orgánicos de comida
- Alimentos estropeados o caducados
- Cáscara de huevo trituradas
- Posos de café (inclusive los filtros de papel), y plantas medicinales usadas en infusión (sin el sobre).
- Servilletas y pañuelos de papel-no impreso ni coloreado-.
- Cortes de pelo (no teñido).
- Lana en bruto o viejo colchones o almohadas de lana (en pequeñas capas, mezclada con otros restos).
Materiales compostables con
reservas o limitaciones.
- Pieles de naranja, de cítricos y de piña americana (solo en pequeñas cantidades o muy troceadas).
- Productos cárnicos y restos cárnicos sobrantes de las comidas (huesos pequeños, grasa, espinas de pescado, caparazones de mariscos triturados…)
- Patatas estropeadas, podridas, germinadas.
- Cenizas (espolvoreadas en pequeñas cantidades o prehumedecidas).
- Virutas de serrín de maderas no tratadas.
- Papel y cartón ( sin impresión de tintas).
- Trapos y restos de tejidos de fibras naturales (algodón, lana, lino……).
No añadir al compost.
- Materiales químico-sintéticos (fibras sintéticas, materiales o fibras naturales plastificadas…..)
- Materiales no degradables (vidrio, metales, plásticos….).
- Restos orgánicos contaminados con sustancias toxicas y plantas tratadas con pesticidas o muy enfermas.
- Ramas y hojas de tuya y ciprés (demasiado acidas y contienen sustancias inhibidoras).
- Grama y otras plantas invasoras (excepto si realizamos un compostaje con elevación de temperatura).
- Huesos grandes (no triturados).
- Virutas y serrín de madera tratada (fungicidas, sales de cobra, arsénico, pentaclorofenol, creosotas o procedentes de aglomerados y contrachapados).
- Aglomerados o contrachapados de madera (en trozos, virutas o serrín).
- Cáscaras de almendras o nueces (se degradan demasiado lentamente).
NECESIDADES DE COMPOST SEGÚN
PLANTAS CULTIVAS
Plantas voraces
3 a 6 Kg. por m2
Compost fresco o semidescompuesto
Acelgas,
alcachofas, cardos, calabacines, calabazas, hinojo, maíz, melones, patatas,
pepinos, pimientos, sandias, tomates…..
Compost madura-bien descompuesto-.
Apio, espinacas,
coles, puerros.
Plantas medianamente exigentes.
1 a 3 Kg. por m2
Compost maduro- bien descompuesto-.
Chirivias,
escarolas, espárragos, guisantes, judías, lechugas, perejil, remolacha roja,
zanahorias
Plantas poco exigentes
No
necesitan compost, o les va mal su presencia si no esta muy descompuesto (en fase
de mineralización)
Ajos,
berros, canónigos, cebollas, coles de Bruselas, endibias, habas, nabos,
rabanitos, tupinambos.
APROVECHANDO LAS
“ MALAS HIERBAS”
Las plantas dan salud y curan
nuestros cultivos.
Insistimos en que en agricultura ecológica no
existen ”malas hierbas” sino plantas silvestres espontáneas que, formando parte
del equilibrio y la vida de una determinada tierra, se convierten sin quererlo
en competidoras con nuestras plantas cultivadas.
Por tal motivo muchos agricultores procuran aprovechar
las bondades de las hierbas que crecen en el huerto y en sus alrededores para
mejorar la fertilidad de la tierra. Las tres vías mas comunes son:
a) Echar toda hierba arrancada al compost
b) Dejar crecer las hierbas y, antes de que florezcan,
triturarlas e incorporarlas progresivamente a la tierra como abono verde
c) Realizar preparados o extractos de plantas
(fermentados, purines, decocciones…) que aporten minerales y sustancias
estimulantes del desarrollo vegetal o fotoprotectoras que refuercen y den
vitalidad a nuestras plantas cultivadas.
Las
hierbas y plantas espontáneas nos ofrecen su ayuda y nos brindan infinitas
posibilidades de aprovechamiento positivo. Podemos aprender a gestionar este recurso,
regalo de la vida, con manuales prácticos como el libro “ Plantas para curar
plantas” de Bernard Bertrand, Jeam Paúl Collaert y Eric Petiot, editado por la
Fertilidad de la Tierra, en cuyas paginas se nos enseña a “reciclar” hierbas, a
veces invasoras como las ortigas, los helechos, la bardana o el diente de león.
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